Tejedores de historias : DORA ALICIA

Mi nombre es Dora Alicia y llegué a FUNDAEC cuando me desempeñaba como maestra en una escuela rural cercana a Villa Colombia, en el municipio de Jamundí. Corría el año 1991 y yo era muy joven. Una maestra, Mariana Osorio, buscaba a alguien que quisiera apoyar la apertura de un grupo del Sistema de Aprendizaje Tutorial (SAT) en un lugar llamado La Liberia. Fue así como escuché por primera vez sobre FUNDAEC, el SAT y la educación rural, y decidí conocer el Centro Universitario de Bienestar Rural en Perico Negro. Desde ese primer encuentro, sentí una profunda conexión con la propuesta educativa y con el trabajo que allí se realizaba.

Tomé la decisión de matricularme por mis propios medios en la Licenciatura en Educación Rural, motivada por la posibilidad de servir como tutora del SAT. Ingresé a la segunda promoción y tuve la fortuna de compartir este camino con compañeros valiosos y de aprender de personas brillantes como el doctor Edmundo Gutiérrez. Mientras estudiaba, me enamoraba cada vez más del trabajo en el campo y de una educación que integraba el conocimiento, el servicio y el desarrollo humano.

Ese mismo año inicié, mediante contrato y con el apoyo del municipio de Jamundí, el SAT en Villa Colombia. Fue un proceso exigente pero profundamente significativo. Trabajaba fines de semana y entre semana con los estudiantes de las veredas cercanas, impulsando pequeños grupos que poco a poco fueron consolidándose.

El grupo del SAT creció de manera sólida y se extendió a otros sectores como San Antonio y La Estrella. Logramos formar bachilleres en Bienestar Rural y acompañar a jóvenes que hoy son docentes, profesionales de la salud, campesinos que viven de sus fincas y personas comprometidas con sus comunidades.

Ver los frutos de ese esfuerzo colectivo ha sido una de las mayores satisfacciones de mi vida. El SAT no solo transformó trayectorias individuales, sino que fortaleció la organización comunitaria y sembró bases duraderas para el desarrollo local.

Con el tiempo, el proceso educativo se consolidó hasta convertirse en lo que hoy es la Institución Educativa General Santander, anteriormente el Colegio Técnico de Desarrollo Rural General Santander. Estuve a cargo de esta institución hasta el año 2008, acompañando su crecimiento y fortalecimiento. Lo que se logró allí fue histórico: una comunidad que, organizada y consciente de su potencial, pudo exigir y sostener una institución educativa formal donde antes parecía imposible.

Mi paso por FUNDAEC estuvo marcado por experiencias profundas de aprendizaje práctico y humano. Aprendí que la mayor riqueza está en la tierra y que el recurso más importante para un desarrollo real es el ser humano. 

Hoy, como rectora de una institución educativa en Jamundí, sigo llevando conmigo las enseñanzas de FUNDAEC. Continúo trabajando por la conservación del medio ambiente, el reciclaje, las huertas escolares y la formación integral de los estudiantes.  A FUNDAEC le guardo un profundo agradecimiento y le deseo muchos más años de vida y transformación