Mi nombre es Libardo. Nací en Cartago, Valle del Cauca, crecí en Buenaventura y mis raíces familiares están en el río Micay. Hoy me desempeño como rector de la Institución Educativa Técnica Comercial Teófilo Roberto Potes, una institución de 50 años de vida académica. Mi camino personal y profesional ha estado profundamente marcado por la educación y, de manera decisiva, por mi encuentro con FUNDAEC.
Llegué a FUNDAEC a finales de los años ochenta, cuando trabajaba como promotor social en Plan Padrinos Internacional en Buenaventura. En 1989 participamos en un estudio de base que buscaba entender por qué las comunidades rurales fluviales, marítimas y carreteables del distrito no lograban progresar. El diagnóstico fue claro: el bajo nivel educativo limitaba profundamente las oportunidades de desarrollo. A partir de ese hallazgo, se inició la búsqueda de instituciones que pudieran fortalecer los procesos formativos en la región, y fue así como FUNDAEC apareció como una respuesta sólida y transformadora.
Gracias al testimonio de personas que ya se habían formado en Bienestar Rural, como María Melba Chalá y Gerardo Carabalí, FUNDAEC fue invitada a Buenaventura. En abril de 1990 iniciamos el Sistema de Aprendizaje Tutorial (SAT) en el sector de Matías Mulumba, con jóvenes provenientes de distintas zonas rurales como el Bajo Calima, Bajo San Juan, Anchicayá, Dagua y otros territorios. Fui el primer promotor de este proceso, acompañando a grupos de estudiantes que alternaban semanas de formación en Buenaventura con semanas de trabajo comunitario en sus lugares de origen.
Con la expansión del programa a más comunidades, FUNDAEC identificó la necesidad de una coordinación de campo. Tras un proceso de formación rigurosa en los distintos niveles del SAT (impulsor, práctico y bachiller), fui designado como coordinador de campo, responsabilidad que asumí con profundo compromiso. Posteriormente, ingresé a la Licenciatura en Educación Rural en el Centro Universitario de Bienestar Rural de FUNDAEC en Perico Negro, graduándome en 1995. Esta formación no solo me dio herramientas académicas, sino una visión integral del desarrollo humano y comunitario.
Durante más de 17 años ejercí como coordinador de campo del SAT, acompañando la formación de múltiples generaciones de jóvenes y adultos. Muchos de ellos transformaron radicalmente sus vidas: algunos se convirtieron en docentes, otros continuaron estudios universitarios, y varios lograron estabilidad económica y reconocimiento social. Hoy incluso veo nietos y bisnietos de antiguos estudiantes del SAT formándose y aportando a sus comunidades, una muestra viva del impacto profundo y duradero de este sistema educativo.
FUNDAEC fue para mí una escuela de vida. Me fortaleció en lo espiritual, en lo personal, en lo familiar y también en lo económico. Gracias a esta base, pude sostener la educación de mis siete hijos, acompañar el crecimiento profesional de mi esposa y construir una vida digna y estable. Con los aprendizajes adquiridos en la Licenciatura en Educación Rural y el SAT, pude superar concursos docentes y directivos altamente exigentes, destacándome incluso frente a profesionales con amplias trayectorias académicas.
Hoy, tras más de cuatro décadas de vida laboral y más de 18 años como rector, reconozco que gran parte de lo que soy y de lo que hago tiene su raíz en FUNDAEC. Aunque cursé estudios de posgrado en otras universidades, mi fundamento intelectual, ético y humano se forjó allí. Para mí y para mi familia, FUNDAEC es motivo de orgullo y gratitud. Es una institución que transforma pensamientos, vidas y territorios. Mi deseo es que continúe muchos años más sembrando esperanza, conocimiento y servicio en Colombia y en el mundo.