Tejedores de historias : MARÍA CRISTINA

Mi nombre es María Cristina y soy profesora de la Universidad del Valle, donde acompaño procesos de formación en didáctica de las matemáticas. Soy licenciada en Matemáticas y Física, y conocí a FUNDAEC hace aproximadamente 35 años, gracias al doctor Edmundo Gutiérrez, quien fue profesor mío en la universidad. En ese momento, FUNDAEC necesitaba fortalecer su equipo académico y, tras una primera invitación, me vinculé a la fundación sin imaginar que esa decisión transformaría profundamente mi vida personal y profesional.

Mi relación con FUNDAEC comenzó acompañando al primer grupo de estudiantes de la Costa Pacífica de Colombia. En esa etapa inicial no existían aún tutores formados, por lo que el propio equipo de FUNDAEC asumió directamente el rol del tutor. Cada cierto tiempo viajábamos a Buenaventura, donde los estudiantes llegaban desde sus comunidades para encuentros intensivos de formación. Luego, yo realizaba visitas de campo por los ríos, conociendo a las familias, los proyectos productivos y la realidad cotidiana de los jóvenes. Ese contacto directo con la vida comunitaria marcó para siempre mi manera de entender la educación.

Con el paso del tiempo, asumí un rol clave en la formación de educadores a nivel nacional, tomando como referencia el trabajo del equipo base de FUNDAEC, muchos de ellos autores de los textos que sustentaban el Sistema de Aprendizaje Tutorial. Allí comprendí que la educación no se limita a un área del conocimiento, sino que cobra sentido cuando se integra con otras disciplinas, con la vida real y con un propósito de servicio claro.

Aunque mi formación universitaria fue sólida en lo teórico, fue en FUNDAEC donde aprendí a llevar el conocimiento a la acción. La posibilidad de integrar matemáticas, física y dimensiones humanas en contextos reales fue profundamente impactante para mí. Sin embargo, lo que más marcó mi vida fue la calidad humana que encontré en FUNDAEC: una coherencia profunda entre el discurso y la práctica, entre lo que se enseñaba y la manera como se vivía el servicio.

Creo que esa coherencia es la clave que explica por qué quienes pasan por FUNDAEC desarrollan una vocación tan genuina de servicio. Allí se cultiva la esperanza, se fortalece la capacidad de servir a otros y se aprende que el ejemplo transforma más que cualquier discurso. Esa forma de relacionarse con el mundo se vuelve contagiosa, se expande y sigue creciendo en cada persona que hace parte del proceso.

Si no hubiera conocido FUNDAEC, mi vida sería completamente distinta. Probablemente sería una profesora que enseñaría matemáticas de manera mecánica, desconectada de la realidad y del sentido profundo del aprendizaje. FUNDAEC transformó mi manera de pensar, de enseñar y de vivir. Me dio una apertura permanente al conocimiento, a la integración de saberes y a la comprensión de la educación como una experiencia viva y significativa.

Hoy, en la Universidad del Valle, esa formación sigue guiando mi práctica docente. Mis clases parten de la vida cotidiana, del diálogo y de la construcción colectiva del conocimiento. No organizo el aula en filas rígidas, sino en espacios de encuentro donde todos pueden verse, escucharse y participar. Muchos estudiantes me reconocen como “la profesora diferente”, y lo soy gracias a FUNDAEC. Para mí, estos 50 años representan miles de vidas transformadas, comunidades fortalecidas y una manera integral de pensar el mundo que trasciende territorios y fronteras.